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Se le ubica, debido al resultado asombrosamente depurado
de sus obras, dentro del Realismo, en su tendencia de hiperrealismo
por mantener conexión con la visión fotográfica
del encuadre y la traducción fiel de la escena. Más
puntualmente, la crítica lo sitúa dentro de
la segunda generación de realistas españoles,
destacándose como uno de los más talentosos
e interesantes miembros del grupo. Grupo que, pese a lo
que se pueda creer, es un movimiento de vanguardia.
En ese sentido, Muñoz Vera ha subvertido los cánones
clásicos de representación; hasta el siglo
XIX, sólo la pintura de Historia podía emplear
grandes formatos. Los temas de la vida cotidiana eran relegados
a un formato menor, a una composición menos rígida
y a una menor severidad en la realización. Muñoz
Vera hecha por tierra esas convenciones y realiza una obra
que genera inmediata recepción en el espectador.
Sus bodegones y paisajes carecen de 'tema', pues son simple
descripción visual, manteniéndose al margen
de los tres elementos que actualmente negativizan la pintura
realista: lo sentimental, lo pintoresco y lo anecdótico.
Nos muestra la aceptación de lo cotidiano tal cual
es, junto con dejar en evidencia el aspecto complejo y netamente
pictórico de los que nos rodea.
Guillermo Muñoz Vera ha realizado varias exposiciones
individuales, entre las que destacamos las llevadas a cabo
en la Sala Manuel Montt, Santiago (1976), en la Sala Grifé
& Escoda de Madrid (1986), Galería Gering-Kulemkapff,
Alemania (1987), Galería Ansorena, Madrid (1990),
Mader Fine Art, EE.UU (1996) y Galería Isabel Aninat,
Chile (1998).
Cabe nombrar una destacada obra realizada por el pintor:
el retrato de los Reyes de España para la Expo Lisboa
'98.
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