
Roca
y cebolla, 1989
Su
primer viaje a África, en 1988, marcó un
antes y un después en su pintura y le otorgó
un aura de viajero y aventurero romántico. En Malí,
realiza numerosas obras sobre papel utilizando pigmentos
locales y sedimentos fluviales. De regreso a Europa, los
paisajes del desierto se convierten en imágenes
centrales de sus cuadros.
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