
Giorgione
a Felanitx, 1984
La
década de los 80 supuso para Barceló una
etapa muy fructífera, marcada por los viajes a
París, Nápoles, Portugal y las exposiciones
internacionales. Trabaja al aire libre, mezclando la pintura
con arena, algas y otros materiales hallados en la playa.
Su esfuerzo y creatividad tienen una recompensa: en 1986
recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas.
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