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Manolo
Valdes: Su Obra, todo sobre la obra del reconocido
artista español, sus inclinaciones artisticas y el
valor que ha aportado su trabajo al arte, encuentra
la informacion sobre Manolo Valdes: Su Obra. |
Acerca de
su obra

Dicen los expertos que la obra del pintor valenciano
Manolo Valdés "plantea un juego visual que induce al
observador a indagar en su memoria cultural y reconocer
iconogramas propios de la historia del arte". Continúan
con que "tanto en la pintura como en la escultura
subyace un sentimiento de `tactilidad` en el tratamiento
que le da a los materiales, con una paleta pródiga,
plena de corporalidad, de gestos amplios sustentados por
grandes formatos". Asimismo, evidencia en su trabajo la
práctica pictórica; y son Rembrandt, Rubens y Matisse
los artistas constantemente citados por este
destacadísimo hombre del arte.
En su obra está tácita tanto la idea de libertad formal
como temática, dado que en su colección tiene incluidos
el ratón Mickey, una carta de póquer y un desnudo
inspirado en Matisse. Así es, así lo manifiesta en su
arte, con la grandeza de quienes saben lo que quieren y
no les importa el qué dirán.
El taller de Manolo Valdés
en Manhattan es como una isla dentro de otra isla.
Manhattan es una isla-universo y el taller del pintor
español es un universo en sí mismo que, en medio del
vértigo de una metrópoli que enloquece los relojes, hace
prevalecer su propio tiempo: el tiempo de la soledad y
del silencio, de la creación y del desvelo. Pintor y
escultor de refinadas técnicas, Manolo Valdés se abrió
campo en la multitud de estilos y tendencias hasta
alcanzar el suyo propio, personal e inconfundible.
Estilo personal y técnica también personal, dominio de
la materia que en su arte juega un papel primordial. Ya
es un lugar común hablar de su experiencia en el "Equipo
Crónica", de lo que éste sifnificó en la pintura
española, como del proceso de su pintura, o sea, de las
proezas de la ruptura y de la continuidad, la historia
de los caminos que se bifurcan y que de algún modo
confluyen.
La obra de
este gran artista español tiene dos vertientes: la
personalísima y la que nace de un complejo proceso de
transformación que tiene un punto de partida, un origén,
en la obra de grandes artistas antiguos o contemporáneos
y que luego de un largo viaje a través de su cerebro y
de su sensibilidad (sus exploraciones en el arte del
pasado) termina siendo también muy propia y muy
personal. No se trata de enfrentar un espejo a otro,
sino de crear una realidad imprevista.
Acaso no sea
fácil ver las obras de Manolo Valdés que partieron de
las obras de grandes maestros porque para disfrutarlas a
plenitud es preciso tener las referencias necesarias, lo
que dicho en otras palabras, significa tener una cierta
familiaridad con la historia del Arte para descubrir
cuánto hay en ellas de metáfora y metamorfosis, de
encuentro y consustanciación, de distancia y dimensión
imaginaria. Puede el espectador revisitar a Rembrandt, a
Velásquez o a Rubens, y más contemporáneamente a Matisse,
a Monet, y sobre todo, a Picasso. En "Rojo y Negro",
Stendhal escribió que el lenguaje le había sido dado al
hombre para ocultar sus pensamientos. No le dieron los
dioses a Manolo Valdés su lenguaje pictórico para
ocultar el suyo. Uno ve a Velásquez (la Infanta Doña
Margarita, a Felipe IV), a Ribera (los Cristos), el
desnudo de Matisse, a Dora Maar, pero no es a Picasso a
quien ve, ni a Velasquez, ni a Ribera, ni a Matisse.
Uno, en efecto, ve a Manolo Valdés y a su arte, no al
pretexto, aunque el pretexto no esté oculto.
Hay algo
verdaderamente fascinante en la escultura de Manolo
Valdés. Algo fascinante que comienza en la propia
materia, en los árboles que hace cortar para que la
madera aún verde le ofrezca los secretos de su
deformación, como él lo confiesa, y que él luego
transforma en esos espléndidas mujeres sentadas, la
mujer de espaldas y la mujer en el sillón, de 1994, en
su "Mesa con libros", o en su singular y (desordenada)
biblioteca de libros revueltos y peldaños rotos, la
biblioteca del impostor inteligente. Creación y
recreación, metáfora y metamorfosis: Manolo Valdés
Manolo Valdés
Ahora, en su estancia en Nueva York, trabaja con
hierro, cartones y cajas de cartón empaquetadas
encontradas en la intemperie de la gran urbe.
También utiliza restos de tuberías de plomo, trozos,
fragmentos y utensilios de la pasada civilización
industrial que recicla y les da una utilización
artística.
Su capacidad de reubicación de los materiales y su
transformación en otros más perennes es clara. Del
cartón al bronce, de las tuberías a los hierros.
Amelie I, II, III y IV, hierro y bronce, esculturas que
exhiben construcción geométrica expresiva,
reconfigurando las planchas de hierro, estructurándolas
de tal forma que presenta una formación urbana de
carácter construido a modo de pelos, de coronas mágicas
de las mujeres de la historia que existen en el
imaginario colectivo del intelecto mundial. Mientras que
sus rostros están formados por caras sin detalle de
bronce sensual o de mármol sugerente.
De lo contemporáneo a lo clásico, pasando por la
idealización de personajes femeninos emblemáticos y
futuristas a la vez. Cabezas pensantes, pelos trenzados,
estructurados, formados por una dinamicidad
efervescente.

Irene, bronce y hierro, elegancia y clasicismo,
combinación armónica que lleva a cabo a través del
diálogo entre la geometría y la figuración.
Regina, VI, VIII o IX, bronce, coronado con antiguos
cartones, yunques o hierros, transformados, vehiculados
dentro de nuevas perspectivas, elaborados en línea con
la diversidad de homenajes que jalonan la causa de la
pasada civilización industrial. Culto a una época, al
siglo de la transformación tecnológica, digno sucesor
del siglo de las luces.
Sus Reginas son homenajes a la civilización pasada, a la
vanguardia histórica, a los futuristas y sus
manifiestos, pero también a los clásicos y a la belleza,
que, a pesar de lo que digan, sigue existiendo.
Ariadna II y Ariadna IV, laberinto del minotauro. Hilo
de oro que nos marca la salida. Todo ello dentro del
polvo de la historia y del mito.
De lo historiado, suceso y del mito que traspasa el
umbral del espejo que le conduce a la fantasía,
imaginación, crónica desbordada de lo inusual.
De esta forma lo real y el paradigma de la fantasía se
dan la mano en su obra para construir el camino de la
llave de la puerta hacia una era en la que la
iconografía no muere pero se transforma.
Como las casas d'Horta d'Ebre, que recuerdan las cajas
de cartón que el creador valenciano encuentra en las
calles de Manhattan.
Casas que son formas que son geometrías que vislumbran
el paso de los genios, Miró y Picasso. Horta d'Ebre,
esculturas que homenajean en mármol la localidad
emblemática. Crónica visual de un tiempo y de un lugar
que está en la memoria de todos.
Peinados lineales de sus mujeres-mito, mientras que las
Ariadnas no se despistan en el laberinto.
De lo evidente catarsis de las formas que son temáticas
que construyen elementos de juicio para elaborar una
obra coherente, en la que el pasado y el presente se
unen para dar paso a los genios, pero también a los
acontecimientos que en el mundo han sido.
Su obra se halla, entre otras, en las siguientes
colecciones:
-
Asociación
de los Amigos del Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía (Madrid
-
Ayuntamiento
de Madrid
-
Chase
Manhattan Bank Foundation (Nueva York)
-
Centre d'Art
Contemporain, Istres (Francia)
-
Colección de
Arte Contemporáneo de Madrid
-
Congreso de
Los Diputados (Madrid)
-
Kunstmuseum
(Berlín)
-
Metropolitan
Museum of Art (Nueva York)
-
Moderna
Museet (Estocolmo)
-
Musée
National d'Art Moderne
-
Centre
Georges Pompidou (París)
-
Museo de
Arte Contemporáneo (Sevilla)
-
Museo de
Bellas Artes ( Bilbao).