Surgido del cóctel explosivo entre la timidez del pintor y la arrogancia del rapero, Maíllo se constituye como el nuevo descubrimiento imprescindible de la escena madrileña. Supinturase expresa con la rotundidad y clarividencia del que tiene el flow de su lado. Incendiario y arrollador, el artista de 26 años despliega toda la potencia de su arsenal pictórico en su primera exposición individual donde sus personales trazos, firmas, grafías y gestos se imponen sobre las superficies en un amasijo de magia totémica, spray y estados alterados de conciencia. Para este artista que nunca comienza una obra sobre un lienzo en blanco, la superficie pictórica es un campo de trabajo, un muro sobre el que grafitear, usando telas, tablas y papeles para raspar, lijar, manchar, chorrear o extender la pintura. Sus obras son la confirmación del discurrir constante de ideas, de líneas de trabajo paralelas, de la efervescencia y lo incontenible de aquel que está enfermo de pintura. Practicante de un método riguroso -propio de la admiración hacia los grandes maestros como Velázquez o Goya – el artista tiene como alter ego a los pintores del paleolítico, los pintores indios navajos, los pintores amateurs, los comprometidos con el oficio, con la tradición y la técnica, los pintores de psiquiátrico, los de campo de concentración, en definitiva, outsiders y anónimos que conciben la práctica radical, bárbara, atávica y primigenia de lapinturacomo la experiencia del Uno con el Todo.
La exposición titulada Slight Flow, en referencia a una manera de fluir sutil y soterradamente que en su desenvolvimiento construye las conexiones, redes y referencias de las que se compone la auténtica cultura, muestra más de una decena de obras y dosinstalacionesen las que el poderoso universo personal, fértil e indomable del artista implosiona y asume los riesgos del arte entendido como reacción alérgica, como algo que se segrega, inevitable y libre. Lapinturade Maíllo es un ejercicio corporal comprometido, una reflexión sobre lo marginal con la densidad teórica de Deleuze, la irreverencia de Johathan Meese, la ironía de Philip Guston y la bajada a los infiernos de Zoran Mušič. Desde su aislamiento voluntario en el extrarradio, entendido además como una forma de vida, Maíllo ejecuta su instinto más afinado logrando con ello una de las trayectorias emergentes más interesantes y consistentes del panorama actual.
Las obras podrán visitarse hasta el 5 de Abril de 2012, en la Galería José Robles, C/ Belén, 2 – Madrid. |
Publicado por fernanda en Arte contemporáneo, Exposiciones, Instalaciones el 28 febrero, 2012
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