Es una obra de uno de mis pintores favoritos: Piet Mondrian, el holandés padre del abstraccionismo geométrico. La primera vez que vi el cuadro recuerdo que no era más que una niña y fue en un documental acerca de la vida del pintor. Lo que llamó mi atención fue la cantidad de colores que se superponían en el cuadro, y un tanto inocente, pensé que yo también podía pintar algo similar con mis acuarelas, ya que a mi vista era una simple conjunción de colores.
El tiempo pasó y un día en una librería de mi ciudad encontré un book de Mondrian y me decidí a comprarlo. Desde allí todo se convirtió en una suerte de obsesión e intenté, con más pena que gloria, reproducir algunos de sus primeros cuadros en la decoración de los muebles de mi habitación. Allí fue que caí en la cuenta que no todo el arte abstracto es la mera expresión libre de un artista o un aprendiz de él, que aunque uno no lo crea, hay una composición ausente que se plasma en el todo de la obra final. No están al azar ciertas líneas, ni ciertos colores, ni cierto goteo como el cuadro parece mostrarnos en una primera ojeada. Broadway Boogie, Woogie es el resultado final de una exploración a lo largo de toda la carrera artística de Mondrian, la búsqueda por plasmar esa esencia de lo real que no necesariamente tiene que ser la representación de su forma. Además es parte de la influencia que New York y el jazz provocaron en el artista allá por 1940. Esta representación de su inspiración, mantiene aún reminiscencias de una de las vanguardias más innovadoras del arte contemporáneo: el cubismo.
En el cuadro, flotante y destellante, el color y la línea se mantienen como expresión de las formas primigenias de la pintura; y corren paralelas al universo musical del boogie woogie. Ficha técnica Broadway Boogie- Woogie, 1942/43 Óleo sobre lienzo, 127 x 127 cm New York, The Museum of Modern Arte |
Publicado por monica kreibohm en Informes, Pintura el 20 febrero, 2007




