La curiosa historia de un cuadro: “Las Dibus de Avignon”, Antonio de Felipe

Soy de los que piensan que los cuadros eligen su coleccionista y no al revés como parecería lógico, los coleccionistas su cuadro.

Con toda franqueza debo decir como preámbulo de este comentario que no soy especialmente amante del arte-pop; me gusta igual que otros géneros artísticos, pero no es mi favorito.

En el panorama español decir “arte-pop” viene ligado casi siempre con el nombre de Eduardo Arroyo.  En mi opinión la obra de Arroyo tiene claroscuros , me gustan algunas de sus piezas, pero no otras muchas. Ahora bien, nadie puede negarle que ha llegado lejos y que ha logrado adquirir una cierta cotización internacional en difíciles plazas como París o Londres, en gran medida por el excelente trabajo que se hace desde la Galería Metta en Madrid.

Pero no, yo cuando hablo de arte-pop pienso siempre primero  en el joven pintor valenciano Antonio de Felipe. Creo sinceramente que la frescura de Antonio, su visión su indudable calidad y sus composiciones le hacen un artista simplemente genial y diferente.

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La curiosa historia del cuadro “Las Dibus de Avignon” (ver imagen), genial homenaje pop a Picasso se remonta al año 2002. En Aquel año contacté con la Galeria Maria José Castellví, de Barcelona, que representaba a Antonio interesándome por su obra. Recibí varias fotografías por correo a los pocos días y una de ellas era de “Las Dibus de Avignon”. Salté como un resorte al ver la fotografía, ¡si yo quería tener una pieza destacada en mi colección de pop era esta.!
Recuerdo que en aquel entonces hablé y hablé con la galería y para mi pesar no llegamos a un acuerdo económico. En ese preciso instante no lo sabría, pero nunca olvidé “mi” cuadro.

Pasaron los años y me era difícil ver obras pop art, siempre lo comparaba con aquel cuadro que deje partir. La imagen y la fotografía rondando mi escritorio volvían a mi de forma recurrente. Nunca tiré esa foto.

Cierto día, a principios de este año, escribiendo un pequeño post en ArteSpain comenté aquella experiencia y mi deseo frustrado años atrás de adquirir ese cuadro. Imagino que eso es internet, pero a los pocos días me escribía el propio Antonio de Felipe, divertido y sorprendido por mi mención y relato de desamor con su cuadro, invitándome a su estudio, y – sorpresa para mi- mostrándome por fin en persona ese enorme lienzo de 1,80×1,80cm que había sido pintado años atrás para mi y aun seguía esperándome en la pared de su casa en Madrid, “mis Dibus de Avignon”

Soy de los que piensan que no se debe ni tentar a la suerte ni dejar pasar las oportunidades dos veces. No me lo pensé, y aunque me costó mucho más caro que en su día (habían pasado años y la cotización de Antonio sube como la espuma), me hice con la pieza.

Aproveche las obras en mi casa para dejarla un espacio privilegiado en mi salón, y desde hace algunos meses, el cuadro está donde estaba llamado a estar siempre, en el salón de mi casa.

Aun no he tirado la vieja foto, de Polaroid, que en su día me envío la galería. La conservo con cariño sobre mi mesa ,ya parece parte del mobiliario y creo que seguirá rondándolo por años.

(perdón por la foto, es espantosa, a ver si saco una mejor y la cambio)

  1. aromera

    Permitame que le felicite señor Sanchez Ocaña.El cuadro es bellisimo.

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